lunes, 27 de octubre de 2014

8 meses

No he limpiado la cocina. Ni he tendido la cama. No he recogido los juguetes de la sala. Ni he arreglado la ropa que está regada por el apartamento. No he barrido. Mi computadora parece una anciana que camina a paso muy lento y a mitad de camino simplemente se rinde, se para, se muere.

No todos mis días son así. hay días en los que hago todas esas cosas y más. Hay días en los que hago compras, atiendo a mis plantas, cocino como si no hubiese mañana, veo tv, me acurruco con Lola -mi gata- y le escribo a mis amigos. Todos están lejos, casi todos en Venezuela con el deseo o el plan de irse. Rabi ya está en Canadá.

Hoy fui a hacerme un frotis de uñas y garganta, pues es un requisito para la matrícula del curso de panadería que comenzaré en Enero. Me dio un poco de pena cuando la enfermera me estaba tomando la muestra, me di cuenta que en los últimos 8 meses no me he hecho manicure, Tengo 4 uñas partidas y en el dorso de ambas manos cicatrices de viejas quemaduras. Si, me costó mucho acostumbrarme a la nueva cocina y su poco espacio, al nuevo cuchillo y me tomó al menos 4 meses aprender que necesitaba guantes para lavar los platos pues el agua siempre es demasiado fría o demasiado caliente. 
La enfermera me preguntó mi ocupación, dije que era ama de casa.

Todos los días, invariablemente, e independientemente de como sea el resto del día, me encargo de Julia. Al despertar la llevo al baño, luego preparo el desayuno de los 3, después vuelvo al baño con Julia. Nos bañamos, y si no nos bañamos nos lavamos la cara, nos cepillamos los dientes, nos echamos crema humectante en la cara y protector solar, nos cambiamos el pijama por ropa normal. Arreglo su maleta y la llevo al colegio. El recorrido siempre es el mismo, no cambio de ruta. La dejo en manos de su maestra, le doy un beso. y a la 1 la voy a buscar. Las tardes las pasamos en casa excepto si hay alguna diligencia especial o si es fin de semana, Los fines de semana siempre hacemos algo distinto, y los domingos vamos obligatoriamente al parque a ver los perritos, 

Poder obtener mi título de anestesia tomó más tiempo de lo esperado, allí se fueron unos meses y por supuesto la legalización de ese título y los demás papeles que lo acompañan se ha retrasado por completo. Realmente trato de no pensar mucho en eso pues no hay nada que pueda hacer más que esperar y solicitarle al universo que no haya más trabas. Trato de disfrutar esta etapa de mi vida, que ha sido un poco extraña. luego de pasar los 10 últimos años estudiando y trabajando a un ritmo frenético, entrar en una etapa de reposo se siente bastante extraño. Como cuando uno pasa largo rato patinando y al quitarte los patines tratas de caminar y sientes que tus piernas van más rápidas y ligeras que el resto del cuerpo. creo que es la mejor manera de describirlo. 

Ha sido sorprendente descubrir que a pesar de no estar trabajando muchas veces no tengo tiempo, y jamás tengo la voluntad, de hacer ejercicios. En este punto de la historia se suponía que debía haber perdido al menos 10% de masa corporal y unos 5 kilos, pero nada de eso ha pasado. 

Hay días, como hoy, en los que simplemente me siento en el sofá y no hago nada. Siento como la vida se me escurre en espera de algo que ni siquiera quiero que llegue. A veces lo único que hago es pensar, en nada en concreto. A veces estoy feliz. A veces siento miedo. A veces me siento tranquila, en paz. A veces quiero llorar, pero no lo suficiente pues no llego a hacerlo. A veces no siento nada. 






miércoles, 19 de febrero de 2014

Eramos muchos y parió la abuela

Esta mañana abrí los ojos a las 6:41am, vi a Julia a mi lado, le di un beso y note que la cama se comenzó a mover hacia adelante y hacia atrás. Paró y luego comenzó nuevamente. "Ay coño de la madre... está temblando". Durante unos segundos sentí la urgencia de agarrar a mi muchacha y salir corriendo escaleras abajo. Pensé en lo estúpida que soy por no haber hecho el bolso de emergencia que tengo exactamente 4 años pensando en hacer y fui a hacer pipí. Busqué mi celular y tuiteé que como si no fuese suficiente con todo... pues había temblado. 

Nos despertamos con un temblor. Nos despertamos con censura. Nos despertamos en dictadura, sí, porque es una dictadura y el que no quiera de llamar así es un idiota. Así de sencillo. El 14 de Abril del 2013, cuando Capriles cantó que nos habían robado las elecciones (otra vez) y Maduro, ilegitimamente, asumía la presidencia, recuerdo haber dicho que que triste que muchos oficialistas celebraran como democracia el inicio de una dictadura. El tiempo me dio la razón y esta semana el régimen terminó de quitarse la careta aunque lo viene haciendo muy progresivamente por lo menos en la última década.

(...)

Antes de iniciar este blog, mucho antes, me había prometido no escribir sobre el amor. No escribir estando triste. No escribir, básicamente. Luego lo comencé y después del segundo post me había prometido no hablar más de política, porque me agota, porque es el día a día y no me daba la gana. Quería escribir sobre cosas cotidianas, sobre cosas bonitas, sobre mi vida. Es imposible, me toca meterme la lengua en el culo y escribir sobre esto porque es triste y es mi vida en estos momentos. Política y estallido social es lo que vivo, respiro, como y me quita el sueño en los últimos diez días. En Venezuela no se puede ser indiferente a la realidad ni queriendo.
No se como escribir esto, y necesito hacerlo para poder desconectarme un poco de la información (escasa y difícil de encontrar e hilar) minuto a minuto que ofrece Twitter. Siento que estoy como el país, disgregada, distraida y con una guarimba de ideas incendiándose en mi cabeza. así que lo haré por puntos, más que tratar de construir un texto coherente, porque sencillamente no puedo.

1.

Estamos malditos. De pana, como pueblo debemos estar malditos pa estar pasando por esta verga por culpa de nosotros mismos. Quizá sea la falta de afecto que nuestros gobiernos - que hemos elegido nosotros y solo nosotros, y eso habla del autoestima que tenemos- han tenido hacia nosotros, quizá sea la falta de respeto que hemos sufrido. Quizá todo se resuma a una genética defectuosa, o la falta de amor y valores en una inmensa mayoría de hogares. Pero estamos jodidos, terriblemente jodidos, y no aprendemos ni a carajazo limpio. No vemos la luz ni aún teniendo el sol delante de nosotros achicharrandonos. Algo muy malo pasa con los venezolanos, muy malo, erráticos vamos buscando primero un camino, luego una salida, una patria, un asidero o ponga aquí el slogan político que prefiera y lo único que hacemos es cavar nuestro propio foso. Pienso en mis clases de historia, pienso en Noriega, Pinochet, Hitler, en cualquiera de esos bichos y ¿Como coño nos pasó esto?. es una pregunta retórica, bien sé por qué nos pasó esto. Somos ignorantes, arrogantes, infantiles, nos sentimos infalibles... demasiadas características, de las cuales no sentirse orgullosos, juntas en un solo cuerpo. 

Más de uno anda por ahí con el pecho henchido de orgullo porque ¡somos hijos de Bolívar carajo! y ¡estamos dando la pelea!, convencidos que este es un pueblo que no se deja doblegar!... En este punto debo decir que hace si acaso dos días le decía a una amiga que todo esto que está pasando en Venezuela me tiene conmovida. ¿Por que? bueno, porque jamás podré no sentirme conmovida ante un pueblo, el que sea, que lucha por sus ideales y su libertad para zafarse de un régimen opresor, asesino, malandro y MALDITO como este, por ejemplo. Pero el hecho que esté conmovida no quiere decir que este de acuerdo con la manera. No lo estoy. ¿Por que? Porque no estoy de acuerdo con la inmediatez, con la no planificación, con la violencia y con la estupidez. Porque como masa somos incapaces de reconocer el momento histórico al que nos enfrentamos, que si hacemos las cosas mal los resultados no pueden ser buenos y las cosas buenas se hacen esperar porque, para empezar, las malas que las preceden no se instalaron por arte de magia, a su vez estuvieron gestándose e instalándose por mucho mucho tiempo... y una y otra vez escogemos hacerlas de la peor manera. Cierto es que el régimen no ayuda, pues sabe muy bien como explotar la rabia y encender la chispa del desastre (es su trabajo y manera de mantenerse) pero también es cierto que por mucho que citemos a Ghandi y a Mandela estamos a años luz de siquiera entender, y menos poner en práctica, lo que publicamos por cualquier red social que se nos atraviese. 

2.

La lucha de los estudiantes es justa, es heroica, es bella. Es bella porque bella es la juventud. Porque cuando uno es joven, y está en la Universidad (lo digo porque yo fui a la Universidad y no se como es la juventud sin estudiar, pero supongo que tiene mucho en común), piensa que tiene al mundo en las manos, que lo puede todo, que es invencible, que la vida es larga, que vale la pena, uno ve hacia adelante y lo único que hay es futuro y ganas de convertirse en alguien superior, en algo arrechisimo. Ser joven en Venezuela debe ser horrible, y eso que yo no soy vieja, tengo 32 años, pero tengo toda una carrera en mis hombros, hablo más bien de tener 18, 20, 22 años en estos momentos. Cuando yo entré a la Universidad Hugo Chávez Frías estaba asumiendo el poder y ya se veía lo que estaba por venir. De hecho recuerdo que en algún momento de mis años universitarios mi mamá me preguntó que iba a hacer al graduarme y sin pensarlo dos veces le dije que me iba del país, porque yo merecía vivir una juventud distinta, necesitaba ser joven y entre muchas cosas hacer algo tan sencillo como escoger que tipo de chicle me quería comer entre mil marcas que había. Eso le dije, y aquí estamos, en el supermercado los anaqueles están vacíos y ya no recuerdo la cantidad de meses que no veo un pote de leche en polvo (ni hablemos de variedades de chicle), yo aún no me voy del país, supuestamente me voy en diez días y no se ni siquiera si la frontera va a estar abierta y si lo voy a lograr, aquí no hay oportunidad de nada y ese hecho solo es superado por las probabilidades de morir en manos de la inseguridad. Puedo imaginar perfectamente lo que deben sentir los estudiantes cuando miran alrededor y hacia adelante, por lo que entiendo completamente su protesta y la apoyo. Y todo iba bien con ellos, porque los jóvenes -que siempre son tildados de estúpidos por nosotros los "adultos"- supieron traducir lo que la masa tenía atragantado, y con el ímpetu y la frescura de ideas que solo los jóvenes tienen la mayoría de las veces, trataron de ejecutarlo de una manera inteligente y pacífica...todo iba relativamente bien, hasta que se unió la sociedad civil, el huevón de Leopoldo inmolándose y el gobierno, metiendo su mano ponzoñosa y a sus malditos colectivos asesinos, y todo se fue a la mierda. 

Hoy, 19 de Febrero del 2014, somos un caos. Una guarimba andante, un monstruo de mil cabezas y sin embargo acéfalo, cosa que supongo complace a más no poder al régimen que se pasea sangriento por el territorio nacional. Yo, sinceramente, no le veo solución ni salida a esta vaina. Da dolor en yo no se donde ya ver a gran cantidad de chamos peleando una pelea perdida de antemano, la de la piedra contra la pistola, no, ni siquiera la pistola, contra el arma de guerra. Van creo que 4 jóvenes muertos, sin contar al tal Juancho cabeza de Colectivo, no se que cuantos detenidos, desaparecidos, heridos. Hay denuncias de tortura como pa coger palco, abuso sexual, persecución política. La historia es un espejo roto en el que nos vemos. Mientras escribo todo esto hay múltiples protestas en toooodo el país, incendian calles, la GNB arremete contra manifestantes a punta de tiros, incendian carros, disparan contra edificios, los colectivos andan haciendo de las suyas bajo el ojo protector del régimen, hay gente herida en estos momentos, veo la foto de una chama en el piso sangrando.

3. 

Julia duerme, le doy una vuelta cada tanto. Quisiera abrazarla y no soltarla mas nunca jamás en la vida. Esta mañana luego del temblor se despertó y no tomó la siesta del mediodía. Tengo que sacarla de aquí, y pronto. Hemos llegado al punto que me da miedo bajarla al parque del edificio. Hoy decidí bajarla luego de un día de completo encierro, antes de hacerlo me asomé al jardín y le pregunté al vigilante si todo estaba bien, si no habían pasado motos, carros, si no había verguero por la calle pues. Evalué que en el jardín delantero, donde está el parque, no había nadie, y que exceptuando la reja de la puerta de entrada estamos rodeados por unas paredes altas y macizas. A menos que el hampa común del barrio que nos rodea, unos tupamaros, la misma GNB o la policía irrumpiera de pronto por la reja de entrada asumí que era muy difícil que nos llegara una bala. Y no es exageración, en este país, en estos momentos, todos esos escenarios son perfectamente posibles. Estuve con Julia una hora abajo, una hora de angustia, una hora que se me hizo eterna, pero que ella agradeció. En estos momentos escribo sentada en la cocina, al lado de la ventana, pienso que si pasa un tipo de esos que le encanta echar tiros al aire y hacia arriba envalentonado por el tremendo peo que está armado en la calle, me pueden pegar un tiro y buenas noches. pienso también que si escucho tiros me escondo en la lavandería con Julia, tendríamos dos paredes delante de nosotras y separándonos de la barbarie.  Así no se puede vivir, no quiero que ella viva así. 

Acaba de sonar un tiro. 

4.

Esta mañana salí a la notaría. Tenía allá una cita a las 8 am, así que salí un poco antes. No fue fácil llegar. 
Ayer no salí de la casa en todo el día, anteayer salí y a pesar de las protestas en la ciudad y los desvíos que estaban como consecuencia uno se podía mover por Maracaibo. Así que esta mañana cuando salí fue una verdadera sorpresa cuando encontré un panorama totalmente diferente, no era la misma ciudad. No importó que siguiera la situación por twitter casi que toda la noche y antes de salir, no tenía dimensión de lo que había pasado, así que no puedo ni imaginarme como está el país entero. Yo que he seguido por las redes sociales toooodo lo que está pasando día, tarde y noche y me llevé esa sorpresa... solo puedo pensar en lo desinformada que debe estar la mayoría de la gente, ese grueso del pueblo que no tiene acceso a Internet, ni redes sociales, ya que no hay medios televisivos que pasen lo que está pasando, y los periódicos se apagan lentamente ante la falta de papel. 

Me desplacé desde la casa hasta Delicias Norte, por lo que atravesé toda la zona norte de la ciudad. Me sentía en una zona de guerra. No me fui por las avenidas principales pues están trancadas desde hace días, me fui por los caminos verdes. Solo que ya no son verdes, son gris humo mas bien. No hubo ni una sola calle que viera sin escombros aun humeantes de la noche anterior, La ciudad se ve sucia, descuidada, tenebrosa y sobretodo sola. Excepto por alguna que otra persona en la calle caminando y algún negocio abierto, se podría decir que estábamos de paro o con garantías suspendidas. Había una fuerte presencia policial, que no había visto en días anteriores. 

La Av. Delicias termina en la Paragua, allí se cruza con la Circunvalación 2 y se convierte en las Fuerzas Armadas. A ese cruce yo lo llamo la esquina del pecado, porque están Burguer King, Pizza Hut, McDonald's y D'Candido Xpress. Cuando uno viene por Delicias justo antes de llegar a la Paragua tiene del lado derecho el CC Delicias Norte y del otro lado un CC que no se como se llama, en ese queda la Notaría a la que yo iba. Tuve que estacionar en Delicias Norte porque el canal del otro lado estaba cerrado, y la esquina del pecado estaba tomada por manifestantes que quemaban algo. Crucé la calle y me senté frente a la Notaría, que aún estaba cerrada aunque con sus trabajadores adentro, a esperar a mi abogado que venía en camino y que no había podido llegar pues una protesta en la Plaza de Toros no le permitía avanzar. Tomé una foto de la esquina, escuche gritos de gente enardecida, vi gente corriendo y atendí mi tlf, el abogado me llamaba. ¿Donde estas? ¿Donde dejaste el carro? Corre, corre, se prendió un peo en la esquina de Burguer King, ya están cerrando la esquina del Clínico, corre antes que no puedas salir de ahí!

Corrí.

Me acordé del post que escribí al inicio de este blog, en el que decía que yo nunca sería Yoani Sanchez. Lo ratifico, nunca lo sería, y nunca me ofrecería como carne de cañón para morir a manos de este régimen. Más de uno, más de cien, y de mil, pensarán que soy una apátrida cobarde. No me importa en lo más mínimo lo que piensen. Podré morir en mi país y por culpa de mi país, pero no por él. 

5.

Jorge llega el sábado, dentro de exactamente 3 días a partir de este momento. No tengo idea de como carajo va a cruzar la frontera y lograr llegar a casa pues aquí las cosas con el paso de los días solo empeoran. Tenemos dos meses sin vernos, y tanto Julia como yo lo extrañamos mucho. A mi me ha hecho especial falta en estos días, esto de ser madre soltera es bastante difícil como para que se aune una crisis política y social, porque aja, con la económica convivimos desde hace muchos meses ya. Al cabo de su visita nos vamos, probablemente sin poder dejar listos los papeles por los cuales me quedé aquí estos dos meses... Me hubiese gustado que mi partida del país fuese diferente, que la sensación de exilio político y la rotunda tristeza de dejar a mi mamá en este mierdero fuese menor.... pero Venezuela no le pone a uno nada fácil.

Nunca voy a poder perdonar a este país.

6.

En este momento 10:36pm se escuchan múltiples disparos a lo lejos. Por donde me encuentro y ubico el sonido asumo que los disparos son por Bella Vista con 5 de Julio.
Busco en Twitter y efectivamente, hay denuncias de un ataque del GNB a los estudiantes que se encuentran en La Plaza La República en este momento.

*suspiro*






martes, 10 de diciembre de 2013

Quizá tome una copa de vino, o dos, o más.
¿A quien engaño?
Más que copas quizá tome botellas enteras.

Ha comenzado un proceso de putrefacción dentro de mi.
La tendencia es irreversible.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Verga, que difícil es todo

Hace un poco más de una semana Jorge y yo nos fuimos a Bogotá a buscar un apartamento para alquilar. Salimos tempranito en la mañana luego de despedirnos al menos unas quince veces de Julia y dejarla en las manos benditas de mi mamá y de Eliza, nos montamos en el carro de nacho y emprendimos el viaje por carretera hasta Riohacha, ya que desde Venezuela no conseguimos pasajes aéreos nos tocó echarnos ese polo cruzando la frontera colombovenezolana.

La frontera es pura pérdida, dudo que haya espacio dentro de este territorio donde se vilipendie más la poca dignidad que nos puede quedar como venezolanos que allí, en una serie de hechos desafortunados que van en escalada. Una media hora antes de llegar a la raya comienzas a ver la cola de camiones llenos de Guajiros traficando comida hacia Colombia, no son unos pocos, son decenas de ellos. Ya a pocos metros de la raya comienzas a ver carros estacionados a la orilla de la carretera y a sus dueños vaciando el tanque a punta de manguera, tarea ardua y peligrosa que pocos momentos después se verá recompensada al vender la gasolina a precio de gallina flaca para los colombianos y de oro para los venezolanos. En la propia raya es el clímax, la larga cola de carros que se van a someter a pesquisa llegan a una caseta donde está la GNB, y frente a esa caseta el SAIME, donde una cantidad considerable de personas hacen una larga y desordenada cola sobre la tierra y bajo el sol para que en una única taquilla les sellen su pasaporte. Cuando te acercas a la cola puedes ver a la derecha, debajo de una matica, a un grupo de hombres (a los que no les queda mejor la apología de "como caimán en boca e caño" porque es imposible) parados allí como si estuvieran esperando algo, ese algo son 300 bolívares por pasaporte para agilizar todo el proceso. Una vez sellado el pasaporte cruzas la raya y ya te encuentras del lado colombiano. La mayor sorpresa es darse cuenta que de los colombianos nos separa mucho más que una raya dibujada sobre el asfalto pues ya estando de ese lado las cosas cambian. Desaparece la cola y el matraqueo, y te comienzan a tratar a algo más parecido a un ciudadano.

Bogotá es bella. Es como un monstruo de cemento que permite aún que le pases la mano para acariciarlo, y deja que algún pajarito se le pare en el lomo para quitarle los parásitos. Los Bogotanos se quejan del calor aunque anden abrigados, y los adoptados por la ciudad se quejan de la lluvia constante. Yo, que soy tan tropical,  pocas cosas malas tengo que decir acerca del clima, acostumbrada a mis 40°C y a sentirme - y de hecho estar- desarreglada apenas alcanzo el carro al salir de casa, el hecho de poder ir maquillada todo el día sin que parezca que se me corrió el rímel por llorar cuando lo cierto es que he sudado como papita al vapor...es una bendición. Con respecto a la lluvia pues nunca he entendido como la lluvia puede joderle la existencia a alguien (a menos que vivas en un rancho, que está en la pata de un barranco, por donde pasa una cañada) así que de eso no tengo nada que decir. 
La comida en Bogotá es un asco, juré solemnemente no volver a pedir un plato típico colombiano a menos que esté en la costa. ¿Para que? en pocos días la experiencia me demostró que mis expectativas son muy altas y la caída monumental, así que no vale la pena. El ajiaco es una vulgar sopa de pollo, y la bandeja paisa no tiene sabor y está sobrevalorada. Si no logran que unos chicharrones estén buenos no lo van a lograr con nada más, es un caso perdido. Allá ni la comida callejera huele lo suficientemente bien, que ya es mucho decir. Punto a favor de Bogotá, va a ser fácil hacer dieta allá.  
Jorge y yo caminamos como locos, cosa que me gustó de la ciudad. Se deja caminar. Aquí yo no puedo caminar, la panadería queda a una cuadra de la casa y voy en carro. No solo por el calor, sino por la inseguridad. Aún cuando vas en carro es como dice María, es como si estuvieras eternamente metida en una película de rápidos y furiosos. Sales corriendo del local, llegas al carro corriendo, abres la puerta, lanzas todo lo que cargas encima dentro del carro (bebé y toda verga) y que caiga donde pueda, tu también te lanzas, cierras la puerta, bloqueas los botones, miras para todos lados y sales picando cauchos; todo eso mientras con una sensación térmica de 46°C te derrites lentamente. Aquí no se puede caminar, ni vivir a decir verdad. El asunto es que caminamos mucho, cosa que resultó muy dolorosa pues tengo el cuarto dedo de pie izquierdo fracturado (y la nariz, pero ese es otro cuento) pero que terminó dando frutos pues en un tiempo record de 5 días logramos alquilar un apartamento.

Es un apartamento pequeño de 74 mts cuadrados aproximadamente, con cocina, sala, dos cuartos, dos baños y un pequeño estudio. Muy luminoso, con un pequeño balcón. Meda la impresión que seremos felices allí, si algún día postgrado me deja ir.

El viaje de regreso fue infame. Todo iba relativamente bien hasta que llegamos a Maicao. Maicao es lo que más se me ha parecido a Macondo en mi vida. Cuando llegamos allí pedimos un taxi que nos dejó en el centro para poder buscar un carro que nos pasara por la frontera y nos dejara en la casa, pero no lo conseguimos inmediatamente. Días más tarde Jorge me echaría la culpa, porque no se puede estar en Maicao de negro cerrado, botas, bufanda y lentes oscuros sin pretender que te quieran quitar un riñón por el viaje. En fin, Jorge me dejó con las maletas frente a un local y se fue a negociar con los choferes a ver si conseguía a alguien que nos llevara, y allí me quedé yo, paradita, observándolo todo. Guajiras de manta iban y venían, mujeres árabes con sus vestimentas típicas empujando cochecitos, cúmulos de esos hombres despreciables a mi parecer que son el híbrido entre un colombiano, un guajiro y un maracucho; civiles armados hasta los dientes con armas largas cuidando la entrada de las casas de cambio. Solo faltaban los gitanos, a juro Gabriel García Márquez se quedó en Maicao cuando iba a comenzar a escribir de Cien años de Soledad, mientras estuve allí parada juraba que en cualquier momento iba a aparecer Melquíades con un cubo gigante de hielo. Finalmente logramos embarcarnos en un carro que nos trajo hasta Maracaibo y que nos dejó abandonados en la oscuridad que rodea al Core 3.

Pocas cosas se comparan a la alegría de reencontrate con tu bebé luego de muchos días sin verlo. El grito de emoción de Julia, seguido de la avalancha de besos y abrazos hicieron que se me olvidara momentaneamente el dolor de la nariz, del dedo y de la existencia completa luego de semejante viaje. Sin embargo la luna de miel no duró mucho tiempo, 48h luego Venezuela nos dió la bienvenida con un apagón que duró 7 horas y de cuyo trasnocho aun no me recupero. En momentos así lo único que queda es respirar hondo y seguir porque verga *suspiro* que difícil es todo aquí.


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